Quiero viajar | Las aventuras de Martina (I)

Martina sueña con viajar, no le importa el destino. Ha recibido publicidad de una agencia de viajes en su correo y se encuentra frente al ordenador soñando. Le encantaría poder aventurarse con su novio, Rodri, y conocer otras culturas, otros ambientes. Japón, Brasil, Francia, Australia, Estados Unidos¡Buaaaaa! Ojalá ir a todos sus museos, descubrir el arte y el encanto de cada lugar. Y Rodri…bueno, a Rodri no le gustaría mucho la idea de caminar…pero, quizás, podría descubrir nuevos sabores, diferentes gastronomías. Desde luego, si alguna vez tuviera que ser crítico, lo sería de comida.

¿Y si no hubiera que caminar? “Podríamos realizar uno de esos cruceros y hacer parada en decenas de puertos.” Piensa Martina desde el escritorio de su habitación. Ella y Rodri, solos, con la brisa del mar acariciando sus mejillas y dorando su piel. En un camarote con escotilla, bailando en la discoteca de la cubierta del barco a cientos de kilómetros de tierra. Se mirarían enamorados, deseando que ese instante durase para siempre. Se enamorarían tanto entre ellos y con el mundo que Rodri, que es bastante perezoso, terminaría soñando con llegar a las estrellas.

Martina se levantó de la silla, y con aire decisivo corrió hacia el armario. “¡La maleta!” gritó, buscando entre las patas de la cama. Comenzó a llenarla sin criterio, al fin y al cabo, su destino era desconocido. “Botas de montaña para los Pirineos, bikini para el crucero, falda con flecos para el carnaval de Brasil…” murmuraba Martina mientras rebuscaba entre la ropa de la estación pasada. Tras cerrar la maleta y agarrar su neceser, se dirigió con decisión en busca de Rodri que, si le había estado escuchando en su discurso a gritos desde la habitación, tendría que estar en la puerta esperándola para fugarse con ella.

“Vámonos, amor mío”, dijo Martina al llegar al salón. Cogerían el primer avión hacia cualquier parte. Sin embargo, con vergüenza y desilusión escondió la maleta tras descubrir el panorama deportivo que se había instalado en el salón. Rodri, perplejo, la mira desde el sofá. Desde luego, esto ha sido un fiasco. La televisión está tan alta que ha estado hablando sola un buen rato. Su novio está rodeado de algunos de sus amigos que celebran el Mundial de futbol de Brasil. Lola, Julio y Oscar gritan de entusiasmo cuando el árbitro marca el inicio del partido. Yusun, su amigo alienígena, ha pedido pizza y, ante la distracción de todos los invitados por un gol en el partido Ramón, el perro de Julio, y Lucas, el gato de Lola y Marta, se han abalanzado sobre él en busca y captura de una porción de pizza.

Rodri sigue mirándola con curiosidad. “¿Qué haces?”, le pregunta con un gesto, a lo que ella responde con un “Nada”, negando con la cabeza y mirando hacia el suelo desde una esquina del salón. “¡Menuda faena!” murmura para sí misma arrastrando de nuevo la maleta a su habitación. “¡Quiero viajar!” grita Martina más alto, esta vez estando sola. Ante la decepción decide que lo volverá a intentar mañana. Va a la cocina, coge una bebida del frigorífico y vuelve al salón para pelearse por un hueco en el sofá.

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